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 El Segundo Sexo

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MensajeTema: El Segundo Sexo   Miér Mar 11, 2009 4:49 am

EL SEGUNDO SEXO, Simone de Beauvoir.

Por Getzemaní González Castro

Primero se podría plantear la cuestión existencialista, no de cuál es el sentido de la existencia, sino de la existencia real y efectiva de mujeres en el mundo. ¿Existen las mujeres? Ya ha quedado muy atrás el cogito ergo sum; no se puede pensar sin una extensión, sin un movimiento, sin un cuerpo; el cuerpo es motor y matriz del pensamiento. Existo, luego pienso, y si nos estamos planteando la pregunta, es porque estamos pensando y, por lo tanto, existiendo. Entonces la pregunta, de si existen las mujeres, se elimina a sí misma, cuando se la plantea una mujer. Pero Simone de Beauvoir, de forma astuta, elimina la cuestión reduciéndola al absurdo, diciendo que no hay un modelo patentado de feminidad y que la mujer, es mujer por su desarrollo fisiológico. Entonces por el momento, nos situamos en otra cuestión más importante, a saber, ¿Qué es una mujer?
Nos dice la autora que el hombre define a la mujer no en sí, sino respecto de él, la sitúa, pues, en el plano del Otro. La alteridad – nos dice- es una categoría fundamental del pensamiento humano, pues siguiendo a Hegel, el sujeto (hombre) se plantea en forma de oposición, pretende afirmarse como lo esencial y constituir a lo Otro (mujer) en inesencial, en objeto. Pero la mujer es también, para sí, una conciencia, esa conciencia que le opone una pretensión recíproca al sujeto (hombre) y asumirse a sí misma como sujeto y/o Absoluto.
El siguiente paso de Beauvoir, es hacer agudas analogías entre la situación de la mujer y la de diversos oprimidos a lo largo de la historia; así se pregunta ¿por qué la sumisión de la mujer? Si nunca han sido minoría como los negros en América, ni los judíos. La autora reprocha que las mujeres no se planteen auténticamente como sujetos y que su agitación sea simbólica y sólo ganen lo que les es concedido; el principal problema puede ser que no haya una Unidad de lucha femenina y que las mujeres vivan esparcidas y condicionadas por sus contextos socioculturales. Otro problema posible puede ser que las mujeres se complacen en tomar su papel, simplemente, de Otro, antes de tomar una conciencia propia. Pero justo ahora, nos encontramos con otro enigma, pues si suponemos que la pareja es una unidad fundamental, ¿por qué la mujer no aprovecha esto para asumirse como sujeto, y no como Otro? Es evidente, por otro lado, que la necesidad biológica pone al macho la dependencia de la hembra. Se comprende que en la dualidad de sexos habría una lucha por la supremacía, pero pareciera que los hombres ganaron esa lucha, antes de pelearla. Los hombres – dice la autora- no podrían gozar de los privilegios de ser hombres, si no lo hubieran considerado fundado en lo absoluto y la eternidad; han intentado así convertir en derecho el hecho de su supremacía. Pero si aún en términos machistas del Ser, se quiere derivar el Deber Ser, se caería en una falacia naturalista, sin ningún sentido. Pero aún así, el más mediocre de los machos se cree un semidiós frente a las mujeres; y es que cuando se mantiene a un individuo o grupo de individuos como inferiores, es un hecho que son inferiores: esto es una falacia naturalista, una completa muestra de estupidez.
Simone de Beauvoir nos dice que se pueden encontrar personas penetradas por el ideal democrático, y que no plantean a la mujer como inferior, pero cuando los hombres tienen una colaboración o benevolencia, lo hacen bajo la idea fantasma de igualdad abstracta, pero comprueban la desigualdad. Así que muchos hombres afirmen que las mujeres tienen igualdades y que no tienen nada que reivindicar, y que al mismo tiempo, afirmen que las mujeres no podrán ser jamás iguales a los hombres y que sus reivindicaciones son vanas; así traicionan al más esencial principio de No contradicción. Por otra parte nos encontramos con el otro lado extremista, que trata de poner a la mujer como superior, cuando tampoco se trata de eso, sino de simplemente poner a la mujer (y al hombre) en el lugar que le corresponde.
Para disolver estos problemas, respecto a la mujer, dice la autora que las mejor situadas son las mujeres mismas, ya que conocen más íntimamente el mundo femenino que los hombres y que para éste análisis habrá de tomarse la moral existencialista como bandera y, además, con el enfoque inequívoco de la libertad. Uno de los problemas que deja planteados para el final de la Introducción es si la mujer será consagrada a la inmanencia, ya que (teniendo el papel de Otro) se encuentra perpetuamente trascendida por una conciencia esencial y suprema. La mujer, al tomar el papel de Otro, no cumple su libertad, sino que es desplazada por otras libertades. Pero la autora, deja las puertas abiertas para sumergirnos en su investigación, cuando afirma: no hay otra justificación de la existencia presente que su expansión a un porvenir infinitamente abierto.
Quiero agregar que lo que menciona la autora sobre lo positivo del hombre, y lo negativo de la mujer, se ve desde toda la historia de la humanidad. Tomando como ejemplo el Yin y el Yang, se ve que son fuerzas opuestas, pero al mismo tiempo, complementarias y creadoras de distintos objetos del Universo. Aunque el Yang (masculino) era la parte positiva, no podía existir sin las características del Yin (femenino) ni el Yin sin el Yang, se ocupaba, pues, un equilibrio de fuerzas. Otro dato importante es que vemos, en el símbolo, una parte del Yin en el Yang y otra parte del Yang en el Yin, entonces tenían características en común. Este ejemplo se me ocurrió, porque lo mismo podría decirse de una conciencia (masculina) frente a otra conciencia (femenina), se podría pensar que son fuerzas opuestas, pero complementarias, creadoras y dadoras de armonía. Un absoluto, frente a un absoluto, percibiéndose, y percibiendo en la conciencia opuesta, una parte de la propia conciencia. Sin embargo, con respecto a que las mujeres se planteen, a sí mismas, como sujeto, es un asunto (como muchos otros en la filosofía) subjetivo, dado que muchas mujeres se sienten cómodas en las deficiencias de no ejercer su Libertad y permitir su alienación como mujer. En México el problema es profundamente difícil, dada la religión que rige y gobierna; recuperar el papel de la mujer en la historia en general, y en la historia mexicana, es uno de los procesos más difíciles de los que se puedan enfrentar las mujeres de hoy en día. Pero yo, como hombre, sí prefiero tener de pareja una Absoluto, que una Otro. De todos modos, como dice Simone de Beauvoir, el porvenir está infinitamente abierto
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